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viernes, 8 de octubre de 2010

La Gomera

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Hoy ha hecho un día de verano, pero no de verano de aquí sino del verano del sur. Imagino que este es el clima que provoca el asesinato en "El extranjero" de Camus. Es de volverse loco.

Sea como fuere, me he acordado de nuestra visita, fugaz, a la isla de la Gomera. Nuestra amiga Triple D se ofreció a enseñárnosla en un día.

Aquí se la puede ver con unos cuantos enanos en la cubierta del ferry. Cuando llegamos teníamos el pelo unos milímetros más largos, pero esa es otra historia.
Después de una hora de viaje, ahí estaba: La Gomera. Como era pleno agosto, la atmósfera estaba bastante opaca. Habrá que volver.

A la Gomera sólo se puede llegar en barco, bueno, hay un pequeño aeropuerto pero Triple D dice que no se atrevería ella a ir en avión. Ella sabrá porqué. De todas maneras en el ferry puedes llevar tu coche que es absolutamente necesario al menos para llevar a cabo nuestro plan: recorrenos la isla parando en casi todos los miradores.Este es la primera parada. La mejor panorámica del Teide. Al menos eso me han dicho. Habrá que volver.

El calor apretaba. Resulta que cuando sopla lo que los lugareños llaman viento del sur (pero que viene del este, de África) uno se da cuenta de lo que serían las islas Canarias sin los alisios: otro desierto. Resumiendo: 40ºC.

Llegamos a la conclusión de que bajar la cabeza con este calor ayuda:Aunque tal vez fueran las nulas ganas de hacer una visita culturo-paisajística...

Nuestra aventura comenzó en la capital, donde llega el ferry: San Sebastián de la Gomera. Nuestro destino era el Valle del Gran Rey, pasando por el parque natural de Garajonay.

Después de algunas paradas más para admirar el paisaje con sus imponentes montañas, tal vez un poco seco es verdad es que era agosto... habrá que volver,llegamos a lo alto de la isla, al parque de Garajonay. Con su laurisilva.Nos adentramos si quiera un poco en ella. El bosque de laurisilva no sólo es precioso, sino que está libre de alimañas. Otro día hablaré de él.

En este punto, en frente del roque de Agando se conmemora el gran incendio de 1984 cuando veinte personas murieron intentando extingirlo, entre ellos el gobernador de la isla (eso sí es darlo todo por el pueblo y lo demás son cuentos).El parque se llama así en honor de Gara y Jonay, una leyenda parecida a Romeo y Julieta.

Seguimos nuestro periplo en dirección a Valle del Gran Rey, parando primero en otro mirador:donde las palmeras canarias ya comenzaban a hacer aparición. Pero antes de llegar, paramos en la Laguna Grande,a tomar un refigerio antes de que se nos fundieran los plomos. Paradójicamente, se trata de una gran llanura seca.

A pesar de los 40ºC, los niños revivieron a la vista de los juguetes:Y por fin, después de hidratarnos y comprar agua, llegamos al Valle del Gran Rey:El paisaje cambia radicalmente. Aquí son todo palmeras y es bastante más verde, aunque en agosto esté seco. Habrá que volver.
Nos sentamos en una terracita. Comimos el mejor pulpo a este lado del Atlántico. Los enanos se bañaron...... se nos hizo tarde. Tuvimos que volver a uña de caballo para no perder el ferry. Claro que después de un día de calor intenso y muchas emociones, los enanos cayeron rendidos:

Conseguimos llegar a la hora para meternos en la barriga del ferry:De regalo, en la vuelta los delfines nos acompañaron, pero de eso no tengo fotos. Habrá que volver.

viernes, 13 de agosto de 2010

Taganana

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Esta es una de las playas preferidas de los enanos en la isla. Nuestro primer destino al llegar: Taganana.

Como ya sabéis, todas las playas de la isla son de arena negra, exceptuando las Teresitas que es una playa artificial con arena importada del Sahara.

Para llegar hasta aquí hay que pasar por la sierra de Anaga, con curvas imposibles y vistas impresionantes. Lo que me pedía el cuerpo era pararme en cada una de ellas para tomar una panorámica pero temí el abucheo general. Ahora tengo que vivir con este pesar.

A menudo esta parte de la isla está cubierta, las nubes quedan atrapadas en los alfileres de las montañas. Menos mal, así la temperatura es de lo más agradable. El mar suele estar bastante bravo, les debe recordar a su Cantábrico querido... sólo que cinco grados más.

Total, que nos bañamoscomimos papas arrugadas con mojo picón y cherne (pescado autóctono delicioso)admiramos flora y fauna (¿cuál es cual?)conquistaron un islote no sin gran esfuerzo porque estaba muy resbaladizo no faltó el humor...
... ni el mal gusto.

sábado, 3 de abril de 2010

¡...y que sean muuuuuchos más!

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Aquí lo tenemos. Oficialmente un adolescente de 13 años. Sin embargo, no se ve mucha diferencia con ayer, ¿no?

El pastel preferido de mi enanito es el cubilete... así que le hicimos 13 cubiletes, con 13 velitas.
Por la tarde, queríamos captar la puesta de sol en la playa de Vega.
La marea estaba altísima, las olas salvajes. La mejor mitad propuso subir al monte detrás del Superman. Dicho y hecho. Fue una buena idea. De regalo, descubrimos un tramo del camino de Santiago. En verano volveremos.
Paseamos por el pueblo, que es mucho más que una playa. Los enanos ya saben que me gusta tomar fotos, así que se les ocurrió posar así.
Volvimos a casa. Captamos la puesta de sol desde allí. Nos fuimos a seguir celebrando el cumpleaños de nuestro enano nº2.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sanabria

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Hoy me he levantado dando un salto mortal... No, esperad, ¡eso es una canción! Mi salto no fue mortal pero fue. Salté de la cama, hice el desayuno (normalmente lo hace mi mejor mitad pero está de viaje), puse la lavadora y el lavavajillas, preparé el almuerzo, recogí un poquitín la cocina, me lavé, me vestí y salí pitando hacia el curro (de paso se me olvidó sacar el segundo plato del congelador...pero eso es otra historia). He aquí mi rutina para los próximos diez meses. Disgrego. En realidad hoy os quiero hablar de nuestro pasado fin de semana. En Sanabria. Puebla de Sanabria. Para los tan ignorantes como yo: Sanabria es una región, no un pueblo. Existe Puebla de Sanabria, Vigo de Sanabria, Villarino de Sanabria, Quintana de Sanabria...


Llegamos el sábado a medio día y nos fuimos directos a hacer un pic-nic al lago. Escogimos la playa de Viquiella. El lago es precioso, la temperatura ideal, el paisaje fantástico. Es gracioso, tan sólo dos horas y media más allá de nuestra región y todo es diferente: los árboles, el olor, el paisaje, la gente... En Sanabria ya es otoño, aunque haga calor. Hay que tener en cuenta que estamos a casi 1.000 metros de altura.

Los niños alquilaron un patín y se fueron a inspeccionar el lago, mientras nosotros nos tumbábamos a la bartola.
Las nubes comenzaron a aparecer, a juntarse.
Ahí las tenemos de conversación. Las nubes, no las piernas. Al final decidieron hacer una fiesta con truenos y rayos incluídos y nos cayó un buen chaparrón.

Cogimos el coche y subimos al mirador de laguna de peces, o algo así. Desde arriba se puede ver el lago y la sierra de la Culebra perfectamente.
La verdad es que el parque natural es magnífico. Este es uno de los pocos lagos de origen glaciar en España. Cuenta la leyenda que fue el mismísmo apostol Santiago quien lo creó. Golpeó el suelo con su bastón por un enfado. Las leyendas siempre son más bonitas que la realidad...

Seguimos subiendo hasta San Martín de Castañeda. Allí hay un bonito monasterio (imagino que restaurado) que ahora es un centro de interpretación.
Cuando las nubes decidieron acabar su guateque, visitamos Puebla de Sanabria.
Es todo piedra y pizarra. El reflejo del sol de la tarde sobre las piedras de las casas es realmente bonito (¿me veís?, soy la sombra).
Los balcones castellanos, las parras subiendo por las paredes, las calles angostas y empinadas, las casas señoriales. Encantador.
Como no podía ser de otra manera, en Puebla hay un castillo, el castillo de los Condes de Benavente que por supuesto visitamos.
Nos encantó. A los enanos porque todo se podía tocar. Nada más entrar te podías disfrazar de caballero, más tarde de peregrino. A mí porque están muy bien explicado todos los aspectos de la región: su historia, ecosistema, geografía, economía, vida en la edad media... por supuesto no me dio tiempo a leer todo, ¡no vayáis a pensar que me he convertido en una enciclopedia andante!
Íbamos subiendo niveles y explorando recovecos. A veces en el interior, a veces en el exterior. Los enanos 2 y 3 matando imaginariamente a todo lo que se menease. Me imagino a los primeros inquilinos, vigilantes, oteando el horizonte.
Disfrutamos de la puesta del sol desde el castillo. Hora de ir a cenar y a la cama.
Ya es domingo. Llevo a mi mejor mitad a su competición de triatlón. Por eso estamos aquí. Esta vez se trata de un doble olímpico:
  • 3 km. nadando
  • 80 km. en bici
  • 20 km. de carrera
A la vuelta, al entrar en el pueblo, me encuentro con esta vista. El castillo y la iglesia de Santa María del Azogue.
Mereció la pena despertarse a las siete, he sido recompensada.

Una vez desayunados, decidimos ir a ver al deportista para animarlo. Antes de llegar pasamos por el río Tera.
Aquí lo tenemos después de la primera prueba, los tres km a nado. Parece contento y fresco como una lechuga.
Lo dejamos encaramado a la bici...
y nos vamos a la playa de nuevo. Esta vez los enanos quieren ir a Custa Llago porque los patines tienen tobogán.
El hombre del alquiler de patines insiste que puedo ir con ellos (yo estoy vestida y no me apetece nada, pero acabo cediendo). Tenían razón. En este momento el sol incide de tal manera sobre el agua que refleja.
Es hora de zambullirse.
El entusiasmo no nos cabe en el cuerpo. La enana propone cantar. Ya no me acordaba, pero así es. Cuando la felicidad nos sale por los poros ¡dan ganas de cantar!

Me enseñaron la isla que "conquistaron"
Vimos las algas, lo que les quitó las ganas de tirarse al agua cerca de la isla...
Necesitaría un filtro polalizador para que la foto saliera verdaderamente bien, pero con un poco de retoque se hace uno a la idea. ¡Ni pagándome me meto ahí!

De vuelta a la playa hasta me baño yo. Se me hace raro entrar en agua dulce y sin olas. Las olas ayudan, vienen y van, te mojan y te arrastran.

El tiempo pasa inexorablemente. Pienso que nuestro deportista debe estar ya casi llegando a la meta. Esta está en Santibáñez de Vidriales. ¡Vamos a por él!
¡Bravo! Seis horas y no sé cuántos minutos después del comienzo (seis horas y media me dicen), aquí está. Mejoría notable desde el año pasado en Vitoria. Además aquí el recorrido tanto de bici como a pie es una montaña rusa: arriba y abajo. Para más inri, viento en contra... Nos llega de una pieza, que ya es mucho decir.
Y nos fuimos de vuelta a casa, con el firme propósito de volver para hacer alguna de las rutas por este fantástico parque natural.