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miércoles, 17 de febrero de 2010

Paseando la maleta por Barcelona

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Último día de estancia en la ciudad. El vuelo salía tarde. Nuestro plan: dejar la maleta en una cosigna de la estación de trenes para dar una última vuelta por Barcelona.

Cogimos el metro rumbo a la estación central. Ni una consigna. Cortesía de los terroristas. Muchas gracias. Plan B: enseñarle la ciudad a nuestra maleta.

Dimos un paseo de nuevo por el barrio gótico. Las zonas que vimos de noche, ahora a la luz del día.
La plaza de San Felipe Neri, que de noche es un borrón oscuro es pequeñita, encantadora, un oasis de tranquilidad.
Desembocamos en la Rambla,
para culminar en la plaza de Cataluña.Aprovechamos para rendir tributo a la primera casa que Gaudí construyó, la casa Calvet. Por ello ganó un premio. El único.Visita a la manzana de la discordia, con la casa Batlló
y la casa Amatllé al lado.
Muy cerca se coge el tren al aeropuerto. Decir que va al aeropuerto es eso, un decir. Luego te meten en un autobús que tarda más o menos lo mismo que desde la ciudad hasta tu destino. Francamente mejorable.

Barcelona es una ciudad encantadora. Merece la pena. Me quedaron tantas cosas por conocer: la fortaleza del Montjüic, Pedralbes, innumerables museos, la rambla, una opera en el Liceo...

Tengo que volver. ¿Os animáis?

martes, 9 de febrero de 2010

Montjuïc, la Barceloneta y la Ciudadela

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Ya era nuestro cuarto y último día completo en la ciudad.

Hoy nos decidimos a comenzar por la zona olímpica: el Montjuïc.

Para llegar primero se pasa por la plaza de España. Nada que ver con el barrio gótico. Aquí todo es grande, espacioso. Una zona nueva.
Seguimos subiendo. Para llegar a la zona olímpica, que era nuestro objetivo, se pasa por el Pueblo español. Pensando que era otra cosa, nos metimos. Craso error. Es un gran museo - centro comercial (en el que encima has pagado para entrar) al aire libre de reproducciones de diferentes estilos arquitectónicos que se pueden encontrar a lo largo y ancho de nuestra geografía. Si eres un extranjero que vas a pasar cuatro días en España, pues vale, te la has recorrido en tres horas. Pero nosotros tenemos la oportunidad de verlo en vivo y en directo que es mucho mejor. Por la descripción, pensamos que se podía ver cómo los artesanos trabajan. La mayoría de los establecimientos estaban cerrados. Lo único que se podía visitar era la fábrica de vidrio.
Este pueblo español fue construido con motivo de la exposición universal de 1929, teniendo tal éxito que ahí sigue. dos Expos, una olimpiada... ahora es cuando te das cuenta de las carretadas de dinero que se han inyectado a la zona.

Por fin culminamos la montaña, llegamos al complejo olímpico. Es espectacular, grandioso. Da un poco de pena verlo tan vacío y dolor ver que a algo pagado con el dinero de todos los españoles le hayan puesto el nombre de un traidor: Companys. En fins.
Toda ciudad moderna que se precie debe tener, al menos, un edificio o construcción de Santiago Calatrava... Barcelona no iba a ser menos. A mí me encantan. Esta en concreto se apoyaba aparentemente en un vértice de la base por un lado, preparada para despegar en cualquier momento...

Según nuestra guía, se podía entrar por la puerta del maratón al estadio olímpico. Si esto alguna vez fue así, ya no lo es. No pude hacer una foto de mi mejor mitad entrando triunfal.
Espero que estuvieran arreglando el cesped, porque tenía un aspecto lamentable.

Comenzamos la bajada, en dirección a la Barceloneta. Leemos en nuestra guía que en 1992 se demolieron todos los chiringuitos de la playa. Claro, para las olimpiadas. De aquí debe haber salido la idea de quitarlos de toda España. ¡Qué pena! A mí me gustan mucho.
Al acercarnos, nos topamos con este cuarteto. Se lo estaban pasando divinamente actuando. Eran de lo más simpáticos. No sólo tocaban. Cantaban y bailaban a la vez también.
En la Barceloneta te sientes como si estuvieras de vacaciones. Tal vez suceda con todas las ciudades con playa. Dejas el trabajo, te pones cómodo y te vas a dar un paseo por la playa. Relajo total. Olvido automático de las preocupaciones. Maravilloso. Eso sí que es calidad de vida.
Al final del paseo, antes del puerto olímpico, está esta escultura: la ballena de Frank Gehry. Es de bronce y recuerda una ballena que baró en la playa. De lejos parece sólida, pero de cerca ves que es una estructura.

También al final hay este edificio, que me gustó mucho. Es muy original. Creo que es un hospital o una residencia.
Nos dirigimos por último a la Ciudadela. De camino vimos esculturas, entre ellas la pareja de nuestro super culo de Úrculo, versión femenina. En realidad es lógico que exista. Este está menos pulido, no tienen un alcalde como el nuestro.
Barcelona, como todas las ciudades grandes, está llena de contrastes. Pegadito a un edificio a punto de derrumbarse (o eso nos parecía) estaba otro ultra moderno. Muy peculiar.
La Ciudadela es un parque de lo más encantador. Es ideal para pasar el día y hacer un pic-nic.
Ya de camino a casa (hotel) pasamos por el arco de triunfo. Es completamente diferente a los otros que había visto hasta ahora.
Este arco se hizo con motivo de la Expo de 1888. Lo diseñó José Villaseca y Casanovas, en estilo mudéjar y ladrillo rojo. Tiene detalles originales, como unos pequeños murciélagos que cuelgan de final del arco de medio punto.

Esto fue todo por hoy. Ya sólo nos quedan unas horas, pero os las contaré en el próximo capítulo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Barcelona modernista

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Llena la retina del arte de Gaudí, nos encaminamos al Paseo de Gracia. Se puede ir en metro, pero es mejor ir a pie, pues no todas las mansiones están sobre el paseo sino en la avenida Diagonal también.
Lo primerito que vimos fue la casa Terrades, del arquitecto Josep Puig i Cadafalch. Este parte de la avenida Diagonal es verdaderamente agradable para pasear, junto con el clima de esta parte de España, hay que pensar que era diciembre!
Luego vimos la casa Asia. Se puede visitar gratis el museo, pero faltaban cinco minutos para el cierre, así que lo dejaremos para la próxima visita.
Justo antes de llegar al paseo de gracia, está la casa Comalat, del arquitecto Salvador Valeri i Pupurull.

Y por fin desembocamos en el paseo de gracia, junto con unos cientos de turistas, en este caso hambrientos. Este paseo se llama así porque antes era una población independiente de Barcelona cuyo nombre era... sí, lo habéis adivinado: Gracia. Total, que al crecer la ciudad hicieron aquí un ensanche. La avenida es verdaderamente amplia, con farolas modernistas y árboles. Si a esto lo acompañas con edificios singulares y tiendas lujosas, resulta un lugar muy agradable, no te cansas de mirar.
La casa Milà o La pedrera, de Gaudí se puede visitar, pero como ya he dicho antes, nosotros teníamos hambre y la cola era considerable. Una vez repuestos, convencí a mi mejor mitad (me planté) y nos fuimos a visitar la casa Batlló.
Datos desconocidos por mí, pequeña ignorante, hasta hace dos telediarios:
  • Gaudí no diseñó la casa, sino que la remodeló. Tardó dos años en hacerlo.
  • La familia Batlló que encargó esa remodelación, vivía en dos pisos del edificio, el resto lo alquilaba.
  • Las casas barcelonesas de esta época no tenían jardín a ras de tierra, sino una pequeña parcela en la parte trasera, en la terraza. Se ve en lo que falta en Barcelona es espacio.
  • El piso encima de la casa-museo está vacio, pero los demás están en uso, gente vive o tiene sus despachos ahí. Supongo que los turistas les seremos muy molestos.
Esta casa está llena de detalles, como no podía ser de otra manera. Gaudí, verdaderamente no dejaba nada al azar.
El salón:
El patio de la escalera:
La impresión es de azul igual en toda la extensión, en realidad es un efecto óptico conseguido con la degradación de azules:
La terraza y la casa por detrás:
Aquí es donde hay un pequeño jardincito, bueno, en la casa de al lado, verdaderamente.

Luego volvimos a entrar para subir a la azotea:
Eso que está pegado a mi oreja es el telefonillo que va explicando la casa - museo.
En la azotea se pueden ver las chimeneas, muy camufladas, el la cruz característica de Gaudí. Ya sabéis que era extremadamente creyente.

Al lado de la casa Batlló está la casa Amatler. Menos mal que no se puede visitar...
Luego cogimos el metro en dirección al parque Güell.

Desde allí tienes una panorámica de Barcelona espectacular
También se puede ver la casita que unos okupas se han buscado. Tontos no son.
En el parque Güell, más Gaudí.
No tengo foto de la famosa salamandra porque las oleadas de turistas tirados encima del pobre bicho, por turnos, era interminable. Otra vez será.Por fin, vía metro, nos fuimos a pasear de nuevo a la rambla. En algunos medios de comunicación se dijo que en Barcelona no se felicitaba la navidad en español. He aquí la prueba de la mentira flagrante. Es verdad que en algunos sitios no estaba en castellano, pero afirmar que no lo había en español es una mentira de las dimensiones de la Sagrada Familia. Una pequeña muestra de cómo les gusta deformar la realidad para que encaje en sus teorías.

Paciencia.

miércoles, 27 de enero de 2010

Barcelona: La Sagrada Familia

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Nos levantamos no tan frescos y no tan temprano como el día anterior, y decidimos visitar la Sagrada Familia.

Primero fuimos a desayunar por el barrio. Desde allí se podía ver nuestro hotel en todo su esplendor.
Con la barriguita llena y el corazón alegre tomamos el metro. El metro de Barcelona tiene una singularidad: no tiene puertas que separen un vagón de otro. El efecto es extraño. Como si hubiera un espejo y tu vagón se reflejara hasta el infinito.
Cuando llegamos a nuestro destino, constatamos con consternación que no habíamos sido los únicos en alumbrar esta idea.
Con nosotros estaba media Italia, parte de España y por supuesto un montón de alemanes, los japones de Europa (están por todos lados, oye, ¡hasta en casa!). Tras breve deliberación decidimos que no habíamos venido para divertirnos, sino para conocer: somos turistas muy sacrificados... nos pusimos a la cola.

Lo primero que notas al llegar, es el diferente estilo entre fachadas. Lo primero que ves es la más antigua, la del nacimiento. Por el otro lado está la de la pasión:
De más cerca:
Como dice mi mejor mitad, muchas pelis y series de ciencia ficción se deben haber inspirado en este estilo modernista para crear a sus monstruos. Gaudí representa las formas humanas extremadamente angulosas, torturadas, angostas (claro, es la pasión), mientras que cuando se trata de plantas y flores es capaz de dotar a los mismos materiales de voluptuosidad. Todo son curvas y volumen.

En definitiva, el color de las piedras, los estilos, las dimensiones son diferentes. Pero, ¿por qué?

En su origen, este templo expiatorio fue comenzado en 1877 por el arquitecto Francisco de Paula del Villar, quien lo concibió como un templo de estilo neogótico. ¿Quién era su delineante? Lo habéis adivinado, Gaudí. Después de construir la cripta en 1883, se peleó con José Mª Bocabella, el promotor de la obra y se marchó. Desde aquí Gaudí retomó la obra, rediseñándola por completo. ¿Cuándo se terminará? En mi opinión tienen para cien años más como mínimo. Si comparamos lo que hasta ahora está acabado con las dimensiones finales... es una obra faraónica. Además Gaudí no se molestó en plasmar sobre el papel sus ideas de manera bien explicada y detallada, por lo que hay que intentar meterse en su cabeza e interpretar sus proyectos.

Se puede subir a las torres, pero nosotros no lo hicimos. Ya no dejan subir a pie y la cola para el ascensor era aún más larga que la cola para entrar, o al menos eso nos pareció.

Aparte de la diferencia notable de estilos entre las fachadas este y oeste, se aprecia mucho esta laguna en el claustro, que podéis ver en este montaje, por dentro, muy cargado y florido y por fuera, neogótico.
Es un micro claustro. O tal vez sólo nos dejan ver un cachito. En una parte del claustro hay una exposición muy interesante sobre la vida de Gaudí y su manera de diseñar. Él consigue dotar a materiales aparentemente rígidos y estáticos de dinamismo y movimiento. También se muestra los árboles, plantas y flores en los que se inspiraba para adornar sus creaciones, como por ejemplo los adornos de las torres:
No falta detalle: el cáliz con el vino, las uvas, el trigo, la forma consagrada, acompañada de esa explosión de color de los mosaicos, que brillan al sol... son espectaculares.
Después de recorrer y admirar el templo desde fuera, nos dimos un paseo por el interior.
Algunos ventanales tienen vidrios de colores, otros no (¿alguien sabe por qué?). Las columnas emulan árboles, el conjunto un bosque, cuyas copas terminan en la bóveda. Una vez más, los materiales se retuercen de maneras inauditas para crear movimiento y vida.

Siendo la parte de Gaudí muy impresionante, a mí casi me gustó más la fachada del nacimiento, de Francisco de Paula. Y vosotros, ¿conocéis la Sagrada Familia? ¿Qué os gusta más, el nacimiento o la pasión?

Después de esta visita tan impresionante, nos fuimos a descubrir la Barcelona modernista. Os la enseñaré el próximo día.