jueves, 8 de octubre de 2009

Curso nuevo, clase nueva

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Hoy el enanín ha comenzado una nueva actividad*: clases de guitarra. ¿Le gustará? ¿Llegará a tocar bien (escuchar al profe era un placer)? o por el contrario ¿se cansará como con el piano o cuando le duelan los dedos? Se admiten apuestas.

Por otro lado, hoy he acabado de colocar la última de las fotos perdidas. Diez álbumes y mil y novecientas fotos después (foto arriba, foto abajo) todos los recuerdos han sido clasificados, ordenados y convenientemente enlatados. Misión cumplida. Lamentablemente, esta sólo ha sido la primera fase. Todavía queda rellenar huecos (fotos donadas y nunca impresas de nuevo) e imprimir alguna (muchas) de las fotos digitales.

Por último, he estado cuatro días tirada por las esquinas tumbada por una bronquitis aburrida que pasaba por aquí. Hacía tanto tiempo que no me ponía enferma, que se me había olvidado lo mal que se pasa. Ahora creo que ya no tengo fiebre. Me siento mejor.

*Por favor, no fijarse en el orden caótico de este su humilde cuarto.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La dama del alba, Alejandro Casona

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Esta es una de las lecturas obligatorias de la enana.

-¡Un clásico!, me digo.

Pues me la leo. Tal vez después podamos discutirla un poco la enana y yo.

Se trata de una obra de teatro corta o tal vez sea que es tan fácil de leer, tan agradable y tan gráfica, que se la cepilla una en un plis-plas. En mi caso concreto me la acabé mientras estaba K.O. en la cama con una bronquitis y sudando la fiebre.

De esta historia me ha cautivado, sobre todo, la confianza y cariño que se respira en la casa. En segundo lugar la caracterización de la pereligra y sus diálogos con el abuelo, tanto en el fondo como en la forma. Por último, pero no por eso menos importante, el desenlace. Agridulce y perfecto.

lunes, 5 de octubre de 2009

Obaya

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Se podría pensar que esta imagen proviene de lo más profundo de la selva de Sumatra, pero no. Es en Obaya, por gentileza del veranillo de San Miguel.


Esta es una excursión muy corta, por un bosque maravilloso a lo largo del río Espasa.
De camino hacia el río nos encontramos un montón de moras. Esta vez traje un tupper, el mayor que tenía. Estaban hermosas y serán transformadas en los próximos días en un postre delicioso.
El paisaje es verdaderamente impresionante, ahora en otoño los colores comienzan a cambiar, pero aún está todo lleno de vida. Había hasta una cueva.
Afortunadamente hace bastante que no llueve a pesar de los pronósticos y el musgo estaba totalmente seco. Menos mal porque sé de un conguito que hubiera subido de rodillas y bajado con el trasero. Pero no, pude mantener mi dignidad. Ya falta menos para que mis botas de montañas lleguen.
Los niños como siempre maquinando. Se convirtieron el Janes y Tarzanes:
Rescataron a gente en apuros, mataron a todo lo que se movía, se fabricaron lanzas...
A la vuelta vimos este ternerillo verdaderamente joven y tierno.
La excursión fue corta, pero como salvamos, matamos y conquistamos varios pueblos, se nos hizo muy, muy tarde. ¿Qué hacer? Seis niños hambrientos y poco que comer. Nos acercamos a la playa de Espasa, a ver si encontrábamos algún bocata en un chiringuito.

Pues no, bocatas no encontramos, pero un espectáculo sí vimos:
Esto se está convirtiendo en una moda. La lógica me dice que ante la disyuntiva es mejor taparse la continuación de la espalda que la cabeza, pero sin duda estoy equivocada. Nos sirvió para aguantar un poco más, pues se nos quitó el apetito instantáneamente.

Decidimos ir hasta Ribadellesa y arrasar con todo los pinchos que pudiesemos encontrar. Dicho y hecho. Con la barriguita llena y el corazón alegre, dimos un paseo por el pueblo. El mar estaba como un plato, ni gota de aire corría.
Nos quedamos a ver la puesta de sol... y eso fue todo, se nos acabó el domingo.
Si el tiempo lo permite, el fin de semana que viene, más.

viernes, 2 de octubre de 2009

A través de sus ojos

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El otro día salimos a dar una vuelta por Absurdistán, a esa hora en que todo el mundo está dumierdo. Descubrimos una nueva estatua.

El pobre Luis Riera Posada estaba ahí sentado, a pleno sol, pegado al banco. Los enanos acudieron en su ayuda.

Inmediatamente esto:
¿Cómo narices ha sobrevivido esa tienda a la demolición?

- ¡Eh! ¡Mirad esto! ¿No es gracioso?

- ¡Mamá! ¡Tú siempre encuentras todo gracioso!

Me quedé patidifusa. Paralizada mientras por primera vez me miraba a través de sus ojos.

jueves, 1 de octubre de 2009

Dedos de Mantequilla

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Esta es la prueba definitiva del retorno de la rutina: la galleta de la semana ha vuelto.

Todavía tenemos días templados, sin embargo en breve, sacaremos jerseys, abrigos, botas y bufandas. Estos, además de protegernos de las inclemencias del tiempo, disimularán los quilos de más. ¡Qué bien! Es momento de galletas, pues. Para comenzar la temporada, he elegido éstas, cuyo pricipal ingrediente es... sí, lo han adivinado: la mantequilla. ¡Ah! Los placeres sencillos de la vida...Sólo de pensarlo ya peso 200 gr. más y mi porcentaje de colesterol en sangre se ha disparado.

Espero que os gusten.

Dedos de Mantequilla
Salen unos 24 deditos

Ingredientes:
  • 150 gr. mantequilla, temperatura ambiente
  • 100 gr. azúcar glass
  • 1 pizca sal
  • 250 gr. harina
  • azúcar para espolvorear
Método:
  1. Mezcla la mantequilla, el azúcar y la sal hasta hacer una pomada.
  2. Tamiza el harina por encima y forma rápidamente la masa. Sin sobarla demasiado.
  3. Dale forma de bola, envuélvela en papel albal o transparente. Deja que repose unas dos horas en la nevera.
  4. Forra una bandeja de horno con papel de hornear.
  5. Hay que sacar la bola de masa de la nevera una media hora antes de extenderla.
  6. Enciende el horno a 180º C.
  7. Extiende la masa sobre una superficie ligeramente enharinada. La masa ha de tener un grosor de 1,5 cm (lo medí con una regla).
  8. Coloca la masa en la bandeja de horno y cuécelo durante 25 min.
  9. Inmediatemente después de sacar la masa cocida del horno, cortala en tiras de 7 cm. de largo por 2 de ancho.
  10. Coloca el azúcar en un plato hondo. Reboza con cuidado los dedos (los de mantequilla, no los tuyos) mientras están calientes.
  11. Deja que se enfríen sobre un rejilla.
  12. Sal a correr un km. antes de disfrutar de una.

martes, 29 de septiembre de 2009

Vivo en Absurdistan

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Martes, 29 de septiembre: San Miguel.

A los comerciantes - restaurantes - bares - cafeterías de la zona les ha dado por celebrarlo. Por aquello de la crisis. No podían esperar al finde. No. Spain is different.

Se cierra la rotonda, se planta un escenario, un hinchable, una chocolatada, un mini tiovivio. Hasta water público tenemos (premio para el que lo vea). Total, la rotonda sólo es una de las más frecuentadas de la ciudad...
Mientras, en casa, intentamos seguir con nuestra rutina: merienda, deberes, tareas. Es que es martes. Hoy hubo colegio, mañana habrá colegio, tendremos que ir al curro, habrá que hacer la compra, tendré que cocinar. Lo normal.
El tiempo pasa. Momento folklore. Un señor se sube al mini escenario y nos canta y cuenta chistes de lo más inapropiado: al fin y al cabo el público son padres con sus niños pequeños (los únicos que no tienen que estudiar para mañana). Físicamente está en el escenario, pero lo oigo como si estuviera sentadín a mi lado, en mi salón.

Supongo que si al final del día la caja está llena, en el futuro tendremos la semana grande de San Miguel, directamente empalmando con las fiestas del pueblo...
La Luna sale, la juerga continúa. Lo gracioso es que para este evento han parado la fuente. No hay mal que por bien no venga. Oímos más la fiesta que la tele.

Son las 22:00. Están repartiendo premios. Comienza la música en directo de nuevo. Más folklore. Me pregunto cuándo voy a poder irme a la cama. Es que mi ventana da a la plaza...

viernes, 25 de septiembre de 2009

Entre-tiempos

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Estamos en esa época del año de tiempo inestable. Ni frío ni calor. Cero grados.

Abro la puerta del armario, me siento confundida. ¿Me pongo ya las medias? ¿Puedo aún ir con sandalias y no pasar frío? Un día hace veinticinco grados, al día siguiente caemos en picado a los quince. Sí, efectivamente, hoy quiero hablar del tiempo.


El otro día aprendí con el enano nº2 que la cantidad de luz que recibimos en otoño y en primavera es la misma. ¡Ah! Por eso algunas plantas están todas confundidas, echando ramas, tallos, capullos y de más. ¡Soy un arbusto! Caben dos opciones:
  • Huida hacia adelante, aprovechando los últimos días dorados de sol, imaginando que es verano (esto equivale a los brotes de algunos árboles) o
  • Dejar marchitar las hojas, parar la actividad, es decir, sumirme en la melancolía perezosa de lo que se nos viene encima, días cortos, noches largas, frío, viento...
Se me ocurre salir a la calle a ver cómo enfrentan mis conciudadanos este problemilla. De paso a lo mejor me entero de las tendencias para la temporada otoño/invierno.

Todavía hay turistas en la ciudad, me inclino entonces por ropa de verano.
¡No! ¡Un momento! Esto es otra historia:
Las hay que visten por el calendario: look invierno total. ¿Quién no ha podido soportar alguna vez la presión de estrenar ese nuevo conjunto que se ha comprado? Yo, desde luego, no.
También ellos, con un toque más clásico.
Hay quien se pone alguna prenda de invierno, pero mantiene los pies aireados.
También tenemos el caso contrario. Ya se sabe que los catarros empiezan por los pies.
Hay quien presume de bronzeado y piernas (porque yo lo valgo) y otras ya han desempolvado los leotardos.
Hay quien apura el verano hasta el final. Todavía se puede mostrar la piel tostada (aunque yo me empiezo a ver amarillenta...)
También ellos saben vestirse adecuándose a la temperatura.

Este estilo no sé cómo catalogarlo: bohemio, glamouroso, chic pero informal, desde luego original. Ni siquiera sé si es de verano o de invierno... (y no, no estaba embarazada).
Veo zapatos de verano...
... y de invierno (estilo pezuña de caballo).
Está claro que el estilo pitillo con botas se va a seguir llevando
Los legging irrumpen con fuerza, a llevar con botas ...
...o con zapatos.Para los más jóvenes, se sigue llevando el tiro muy muy bajo, así que hay que comprar calzonzillos bonitos y un buen cinturón...
Conclusiones: esta ciudad es una pasarela. La gente se mueve con elegancia. Sigo sin saber qué ponerme.