miércoles, 4 de agosto de 2010

El Santiago Bernabeu

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El pasado finde nos desplazamos a la capital, en busca de nuestra enanísima, historia que contaré otro día. Baste saber, por ahora, que ella llegaba casi de madrugada a Barajas. Para matar el tiempo y cumpliendo lo prometido, fuimos a conocer el (no-sabemos-por-cuánto-tiempo-ahora-que-Florentino-es-presidente-otra-vez) estadio Santiago Benabeu.

Hacía un calor que fundía los plomos. No me acostumbro. No me cabe en la cabeza que haya gente que quiera/pueda vivir en estas condiciones. Haberme criado en el Paraíso Natural puede que tenga que ver con esto...¿cómo sobreviví cuatro años en Brasil?

Lo primero que llamó mi atención es que no eramos los únicos locos con este plan: había autobuses. Hay gente pa'tó.

El césped es verdaderamente maravilloso, se diría terciopelo. Hablando con una de las guardias me dijo que lo mojan constantemente y que está prohibido pisarlo. Vamos que si te cuelas te echan con un patada en el trasero, de propina.

En el recorrido primero ves el campo desde arriba.Luego comienza el museo. Para abrir boca, el palmarés del club. A la izquierda los logros de fútbol, a la derecha los de baloncesto. ¿O es al revés? Es que soy medio disléxica.Para seguir, evolución de tricots, botas y pelotas. Antes todo era más sencillo y seguro que lo usaban por varias temporadas. No me quiero ni imaginar cómo te quedaba el pie teniendo que chutar con esos balones tan pesados en un día de lluvia. Nada que ver con el jabulani. El enano nº 3 estaba asombrado del mal "acabado" de la prenda, en cuestión. A mí me encantó el escudo.A continuación, paneles informativos con la historia del club. Mira tú por donde, lo fundó un catalán. Si es que la vida está llena de ironías.No todo es fútbol. El club comenzó siendo mucho más ambicioso. Tenían equipos de balonmano, natación, atletismo, ajedrez y un largo etcétera del que no me acuerdo. Hoy sólo quedan el fútbol y el baloncesto. Ver de cerca las botas de baloncesto de Fernando Martín es impresionante. ¡Qué tamaño!

Salas y más salas de trofeos, botas y balones de oro y otros metales, entre medias montajes fotográficos con tus ídolos y con la copa de no-sé-qué (porque no las compramos, el enano nº2 con Kaká y el 3 con Ronaldo nos basta).

Por fin llegamos a pie de campo, no sin antes pasar por la zona vip (donde se cuecen los negocios de España, vamos ahí hay de todo menos fútbol) y la tribuna de honor.

Te puedes sentar en el banquillo y sentirte como un jugador. Nada que ver con el banquillo del enano nº3 en sus partidos... Estos son mulliditos, no se nos vayan a lastimar los chicos.Puedes salir por el túnel de los jugadores para sentirte como un campeón.

También discutir las jugadas y estrategias en el vestuario, previo paso por el jacuzzi o tal vez por el masajista. Pero ¡qué mal viven!¿Preguntas?

martes, 3 de agosto de 2010

La lavandera - Pepe Monteserín

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Me he saltado la regla de los clásicos con este libro. ¿Por qué? Porque hace poco tuve el placer de conocer al autor de esta novela.

Además de unas treinta novelas, incontables artículos, Pepe Monteserín escribe todos los días una columna en la Nueva España: La Mar de Oviedo. Repito, todos los días del año. Ya tiene mérito encontrar de qué hablar cada día y resumirlo en tan sólo ciento cincuenta palabras.

Es la primera vez, seguramente también la última, que tengo la oportunidad de hablar con un escritor, de verlo en acción, de conversar con él sobre el proceso creativo. Fascinante. Es que le bullían las ideas literalmente de la cabeza. Siempre en acción, apuntando, grabando. Creatividad en erupción.

Esta novela es redonda. Soledad, su protagonista, me ha resultado enormemente simpática, mejor dicho, me ha provocado una inmensa ternura. Ella, a pesar de los reveses de la vida, es féliz. Gracias al orgullo del trabajo bien hecho progresa y consigue una vida plena, no exenta de dolor, pero plena. ¡Qué sencillo en el concepto, qué difícil en la ejecución!

La Lavandera transcurre en México. Otro atractivo de esta obra. Me encanta la sonoridad de los nombres mexicanos, el chasquido de la lengua al pronunciarlos en voz alta, despacio: Popocatépetl, Quetzalcoátl...

Apenas puedo esperar a la vuelta de las vacaciones para leerme otra obra de Pepe Monteserín. Os lo aconsejo.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sentir los colores

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viernes, 30 de julio de 2010

'Toy enganchada

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En casa usamos la tele más para ver programas grabados que para seguir la programación. Me rebelo contra lo que nos quieren hacer tragar en este país, a la hora en que nos lo quieren hacer tragar. ¿Alguien me puede explicar por qué las películas infantiles se ponen los sábados a las diez de la noche (hora en que los enanos tienen que estar en brazos de Morfeo, si es que yo soy muy anticuada)?

Los programas españoles tipo Escenas de Matrimonio me producen erisipela, mi sentido del humor es muy otro. Además prefiero ver todo lo que pueda en versión original.

Pero, como a toda regla le está dada una excepción, estoy enganchada a L.A. Ink. Me fascina. Vamos por partes.

No cabe ninguna duda de que los tatuadores son artistas. La pintura concreta se ha refugiado en este sector. Todo está muy bien perfilado, sombreado y a veces coloreado. Se diría que sus dibujos van a tomar vida propia y desprenderse de sus porteadores. Son auténticos pintores sobre piel.

Siempre pensé que cuando alguien se decidía a plasmarse un dibujo indeleble era para impresionar al mundo a su alrededor, tipo "soy malo, malo y mira que machote soy, tengo un tatuaje". Estaba equivocada. La gente está loca, pero de otra manera. Resulta que se los ponen para recordar y honrar al alguien o a algo. Acabáramos. ¿Para qué existen las fotos, pues? Detrás de cada tatuaje hay una historia: mi abuela en la pantorrilla - nunca la conocí pero soy igualita que ella; mi mejor amiga que murió de cáncer - le encantaba surfear - convertida en sirena multicolor en el brazo; el budismo que me fascina - un pedazo buda feliz en la panza compartiendo ombligo; soy intolerante a la lactosa y echo de menos el queso - un gruyère en el biceps... Es alucinante, oyes.

Por otro lado, parece ser cosa adictiva, a pesar del dolor. Tatuajes por todas partes: cuello, cara, nudillos, pantorrilla, cadera, escote...

Todos se emocionan mogollón al verse con su nuevo tatuaje. Dicen:

- Ahora pensaré en esto o lo otro cada día cuando mire mi tatuaje.

Pienso que es un gesto grande pero vano. Así como acabamos por no ver nuestro entorno, acabarán por no ver su dibujo. Irá deteriorándose, cayéndose, desdibujándose... como las fotos se descoloran, se agrietan, se desintegran.

A todo esto no he contado que estuve a punto de tatuarme una vez, en un tiempo muy lejano, allá en Brasil. Ironman lo propuso. Sería algo discreto; la mitad él, mitad yo. Dudé demasiados minutos... y la ventana se cerró. Cuando asentí Ironman ya se había echado atrás.

Total, que no puedo dejar de ver el programa. Mejor dicho, no podía... porque me lo han quitado. Estoy pasando unos momentos amargos de síndrome de abstinencia. ¿Qué ha pasado con los tatuadores? ¿Qué nuevos clientes van a visitar la tienda? Espero que me lo devuelvan en septiembre porque estoy enganchadita.
¿Qué historia podría haber tras este tatuaje? ¿Es chica o chico?

miércoles, 28 de julio de 2010

Un mantel nuevo

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Como todos los años, durante un periodo estival (cada vez más corto) me convierto en madre sin hijos. Entonces mi culo inquieto se pone muy nervioso y me da por desempolvar los deberes pendientes para ponerme manos a la obra: que si pintar la casa, que si clasificar fotos, que si ordenar armarios... He de confesar, por otro lado, que mis energías son inversamente proporcionales al número de años biológicos acumulados en mi serrano cuerpo (que mentales ya es otro asunto: me gusta pensar que soy joven, pero joven DE VERDAD, con mayúsculas). O sea, que mis proyectos van disminuyendo tanto en número como en dificultad. Pero en fin, es lo que hay.

Nuestra mesa de comedor es un cuadrado de 1,40 m2. No existen en el mercado manteles para ella, la pobre. Tenemos uno azul que ya está a punto de desintegrarse de usarlo y lavarlo sin piedad.

Hace tres años, en navidades, compré tela en Alemania para confeccionar otro. Era un poco sosa, así que se me ocurrió tunearlo a juego con nuestra vajilla. Total, que el verano pasado durante tres días de lluvia no tuve más remedio que sentarme a la máquina y rematar los bordes.

A lo largo del curso, en cualquier mes, no recuerdo bien; calqué el motivo central. Lo amplié al nosécuántosporciento. Ya sólo faltaba plasmarlo en la tela. La semana pasada fue el momento. Las excusas estaban agotadas.
Lo peor, lo más laborioso, es el diseño. Digo yo que por eso se pagará la ropa tan cara, porque en mi modesta opinión un trapo es un trapo... pero eso es otra historia.

Después de estrujarme la neurona, esto es lo que se me ocurrió.Sencillito, para darle un toque de color, sin pasarse de frenada.

Para hacerse una mejor idea, aquí está la mesa puesta.
¿Qué os parece?

martes, 27 de julio de 2010

Madioca frita (yuca frita)

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Vamos con una receta, que ya toca.

Esto que veis arriba es una raiz de yuca. En Brasil se llama mandioca. Allí hace las veces de patata. De ella se extrae harina, que llaman farofa y almidón, que llaman polvilho. Hace falta cocelar antes de comerla porque contiene una toxina (si queréis saber cual y bla, bla, bla, miradlo en wikipedia). La verdad, siempre me asombra la sabiduría que hay que tener para aprovechar las plantas a nuestro alrededor y sacarles el mayor partido. De regalo, no tiene glutén por lo tanto es apto para celiacos.

Hace ya once años que me marché de Brasil y tengo que reconocer que ultimamente me está dando la saudade, la morriña. Tengo un picor en el cuerpo que no se me pasa, una desazón que no me deja tranquila. Quiero volver al país que vio a mis dos primeros hijos nacer. Dar una vuelta por mi barrio, ir a la feira hippie, visitar la guardería de los enanos, enseñarles su hospital, ver la bóveda celeste del sur otra vez. Quiero volver a los restaurantes que frecuentábamos, quiero comer pizza con catupiry, surubim na brasa, moqueca de peixe, pâo de quiejo, bobó de camarâo, quiero beber una caipi-vodka al calor de la noche, quiero oír música brasileira en directo... Ironman: ¿me captas?

Mientras espero que mi héroe haga mi sueño realidad, he preparado un poco de mandioca frita (a ver si le despierto la saudade). Se puede servir como acompañamiento al plato principal o como aperitivo, con una cerveza bien fría.

Veréis, es bien sencillo. Cuando lo probéis, no volveréis a mirar para las patatas fritas.

Madioca frita

Ingredientes:
  • una raiz de yuca
  • aceite de girasol (supongo que con aceite de oliva esté aún mejor, pero esta vez voy a ser purista, el Brasil se usa el aceite de girasol)
  • agua
  • sal
Método:
  1. En un cazo, pon agua con sal a calentar.
  2. Pela la mandioca o yuca y córtala en tres o cuatro (dependiendo del tamaño) trozos grandes.
  3. La yuca tiene una parte leñosa en el medio que hay que descartar. Buena suerte con esto. Yo me dejé algún trozo leñoso: estuvimos a punto de perder un diente al toparnos con ella...
  4. Cuence la yuca durante una media hora, hasta que esté blanda, pero no a punto de deshacerse. Escúrrela bien y deja que se enfríe.
  5. Calienta abundante aceite de girasol en un cazo profundo o freidora.
  6. Corta los trozos de yuca en deditos:
  7. Fríelos a fuego fuerte hasta que estén doraditos. Escúrrelos sobre papel de cocina y rectifica de sal si es necesario.
  8. Sírvelos bien calientes acompañados de una cerveza gelada (helada).

domingo, 25 de julio de 2010

Opinión

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Me llega esta foto vía correo electrónica.

¿Qué hay de verdad en ello?