miércoles, 24 de junio de 2009

San Juan

2 comentarios
Imprime esta entrada Hoy es ese momento del año en el que podemos quemar lo que no nos gusta. Simbólicamente hablando. Dentro de mi pequeño universo, lo que de verdad quisiera sería tirar todos los apuntes de las oposiciones en el coche, acercarme a la playa más cercana para hacer un aquelarre maravilloso con todos ellos. ¡Cómo disfrutaría quemándolos! Como no es posible, (a lo mejor me da la neura y vuelvo a intentarlo, en cuanto se me olvide el sufrimiento) la enana y yo hemos quemado unas cuantas cerillas en el baño. Ya en el plano nacional, sería fantastico hacer un paquete con el terrorismo, los nacionalismos y este gobierno. Acto seguido mandarlo a la extratosfera de donde nunca pudieran regresar. Para redondear y siguiendo con la carta a los Reyes Magos, mundialmente estaría bien que nos abandonaran las guerras, las hambrunas-pobrezas-miserias y los dictadores (normalmente causantes de las dos anteriores). Parezco Cándido en el mejor de los mundos posibles.

Lo que me ha provocado una reflexión. ¿Qué quiero echar a la hoguera? ¿Qué me sobra? Verdaderamente, esta es una pregunta ambiciosa. Se me agolpan mis defectos en la cabeza. Pero creo que ya es tarde para acabar con ellos: la impaciencia, la mala sangre, las ganas de criticar, los malos hábitos alimenticios, la grasa... (me parece que esa la tengo que quemar en el gimnasio).

Ante esta dificultad, he decidido orientar las reflexiones hacia nuevos proyectos. ¡Uf! No voy a poder parar ni un minuto. Tengo que organizar esta casa: la alacena, los armarios, los altillos (a lo mejor me encuentro algún ser vivo, como aquel señor en Japón), recuperar mi mesa en estos momentos sepultada bajo cientos de fotos (no, no estoy exagerando tengo que ordenar y colocar fotos desde el 2002), intentar colocar todos los libros en la biblioteca o lo que es lo mismo: misión imposible, remodelar el cuarto de la enana que se le ha quedado demasiado infantil. Probablemente abrumada por la tarea, se me esté quedando algo en el tintero.

¿Qué hago aquí sentada? La obra es titánica. No hay tiempo que perder. Ahora mismo me pongo a ello, ¡tengo tarea para cinco años mínimo! Seguro que cuando esté todo a punto, toca mudarse.

2 comentarios:

chus says:
jueves, 25 junio, 2009

Me alegra saber que no soy la única con tareas eternas que parece que jamás van a llegar a término. Siempre queda algo por hacer y cuando parece que se termina vuelves a empezar por el principio.
Es como si una gigantesca espiral te estuviera tragando eternamente
un saludo

Conguito says:
jueves, 25 junio, 2009

Lo has puesto con las palabras precisas, muy bien formulado.Pero siempre es un consuelo saber que uno no está solo. Mis tareas las he hecho públicas, a ver si me pongo a ello por vergüenza torera y para escribir un par de entradas sobre el asunto...
besos